La lectura y la sociedad del conocimiento (original) (raw)
Jos� Antonio Mill�n
�ndice
I. De la informaci�n al conocimiento
[La informaci�n como punto de partida](#I. De la informaci�n al conocimiento)
[Tenerlo todo: no tener nada](#Tenerlo todo: no tener nada)
[La llave de plata](#La llave de plata)
[�Qu� hay en la lectura?](#�Qu� hay en la lectura?)
[Dar forma a la informaci�n](#Dar forma a la informaci�n)
[Hasta aqu�](#Hasta aqu�)
II. Las ra�ces de la lectura
[Escuchar con los ojos](#II. Las ra�ces de la lectura)
[Desde el principio](#Desde el principio)
[Leer im�genes](#Leer im�genes)
[Crecer en la lectura](#Crecer en la lectura)
[Una sociedad lectora](#Una sociedad lectora)
[El papel del libro, y el libro de papel](#El papel del libro, y el libro de papel)
[Y es hora de recapitular](#Y es hora de recapitular)
[A modo de preludio](#A modo de preludio)
Nota previa: En el 2000, y por encargo de la Federaci�n de Gremios de Editores de Espa�a, escrib� un op�sculo sobre la lectura que, gracias a su licencia de reproducci�n, se ha vuelto a publicar muchas veces tanto en forma impresa como en l�nea. Casi cuatro a�os despu�s, con ocasi�n de incorporarlo a mi web lo he rele�do y, como es l�gico, he comprobado que si hoy lo reescribiera cambiar�a ciertas cosas, pero he preferido dejarlo como est� y apostillarlo en el margen izquierdo.
Comentarios a
La lectura y la sociedad del conocimiento

Fuente de la cita de Cervantes
(se encuentra en el tercer p�rrafo)
I. De la informaci�n al conocimiento
—Ahora digo —dijo a esta saz�n Don Quijote—
que el que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho
sobre la expresi�n �sociedad de la informaci�n�:
Information society, sociedad de la informaci�n, societ� de l'information
La informaci�n como punto de partida
La �sociedad de la informaci�n� se nos presenta como una realidad al tiempo dominante y huidiza; pero que eso no nos asuste. Sepultados por mir�adas de nuevos t�rminos, por convulsiones empresariales y financieras, por promesas y despliegues asombrosos, no hemos tenido a�n el reposo suficiente para analizar qu� hay en realidad dentro de ella, e incluso m�s: qu� hay para nosotros, qu� nuevos m�rgenes de acci�n nos permite.
La informaci�n nos rodea desde hace d�cadas, creciendo exponencialmente: hace treinta a�os, la documentaci�n de construcci�n de un gran avi�n pesaba tanto como la propia aeronave. Hoy las cosas son del mismo modo, pero la documentaci�n ya es mayoritariamente digital. Igual que las revistas cient�ficas, en n�mero constantemente creciente; y los corpus de leyes y jurisprudencias locales, auton�micas, nacionales y comunitarias; y las noticias sectoriales, generales y locales; y las informaciones de las empresas; y las transacciones corporativas; y un oc�ano de patentes, de informaciones sobre procesos y productos. A ello hay que sumar los esfuerzos gigantescos por incluir en formato digital muchos de los libros y revistas de las grandes bibliotecas; y los documentos de los archivos.
�Nos olvidamos de algo? Por supuesto: de los datos sobre los datos. Los cat�logos: de nuevas cosas y de antiguas bibliotecas y archivos, los directorios, los res�menes y las bibliograf�as, los compendios de informaciones: por �rea geogr�fica, por personas, por tema, por fecha... �Y los datos sobre datos sobre datos? Pues tambi�n: ah� est�n los cat�logos de cat�logos, los descriptores de descriptores; los recursos sobre recursos...
La web p�blica tendr�a hoy en d�a 4.000 millones de p�ginas est�ticas, de p�ginas din�micas, un n�mero cientos de veces mayor; la web profunda (paginas de intranets o por contrase�a) es miles de veces mayor que la web p�blica.
Ricardo Baeza-Yates, "Excavando la Web", El profesional de la informaci�n, vol. 13, n� 1, enero-febrero del 2004
Es dif�cil no sentir v�rtigo: a una sociedad en crecimiento constante y que genera ingentes cantidades de documentos, se une la recuperaci�n de gran parte del acervo producido en �pocas anteriores, y a todo ello las herramientas para organizarlo y ordenarlo. Todo pasa a formato digital; todo acaba formando parte de la Web: todo est� al alcance de la mano. Unas como informaciones abiertas, accesibles a cualquiera; otras, de acceso restringido. Pero la masa total es ingente: medio bill�n de p�ginas web, seg�n los �ltimos datos; es decir: quinientos mil millones de p�ginas de informaci�n... al otro lado de la pantalla.

�C�mo comprender su magnitud?: supongamos que se reparte una obra del tama�o de la enciclopedia Espasa a cada hombre, mujer, adolescente, beb� o anciano de Madrid (por tanto, muchas casas recibir�an varias obras, y acabar�an con cuatro o cinco paredes cubiertas por ellas). Ahora pensemos: todas las obras son diferentes. Y a continuaci�n: podemos hojear cualquiera de ellas. Inmediatamente.
�Qu� experimentamos? �Felicidad o v�rtigo?
La biblioteca de Babel (no respondo de la edici�n)
Tenerlo todo: no tener nada
Lo cont� Borges en forma aleg�rica en su c�lebre relato La biblioteca de Babel. Esa fabulosa biblioteca conten�a (dicho en palabras de hoy) toda la informaci�n posible, porque cualquier posible conjunto de palabras estaba en alguna de sus inagotables estanter�as. Libros buenos y malos, mediocres; falsos y aut�nticos, medio falsos y medio verdaderos: todos. �Les suena a algo?
La Web es nuestra Biblioteca de Babel. Pero _necesitamos_utilizarla...
Espigar el hilo de un dato que necesitamos; averiguar en esta masa de informaciones de muy diversa procedencia cu�l es la que nos hace falta: compararla con otra, seguirla hasta donde nos sirve, y no m�s all�. Localizar una tercera y una cuarta. Sacar conclusiones parciales; ponerlas en cuarentena. Buscar luego otra fuente diferente, seguir sus hilos. Volver sobre las ideas puestas en reserva y avanzar en conjunto. Repetir el ciclo una, diez veces: crear documentos provisionales, difundirlos y recibir las realimentaciones de otros. Al final —con suerte— comprender, resumir y actuar.
Las operaciones que acabamos de describir no son extraordinarias: son las habituales y necesarias en m�ltiples procesos diarios. Y no se limitan a la simple b�squeda de informaci�n: implican algo m�s. Y adem�s se aplican a infinidad de campos. Lo que se buscaba han podido ser elementos para una investigaci�n m�dica, ideas de explotaci�n empresarial, rastros de personas o de hechos del presente o del pasado, funcionamientos de compa��as o de instituciones, experiencias industriales, precedentes legales, pistas sobre nuestra competencia, ideas, se�ales de alarma, claves para la comprensi�n, para la investigaci�n, para el negocio...
Dec�amos que la mayor parte de las operaciones intelectuales que utilizan la herramienta de la Web no pretenden s�lo "recuperar informaci�n". Intentan construir un conocimiento. Esa es la meta real de las personas, de las corporaciones y de las instituciones.
Y conocimiento no es informaci�n; reparemos en los matices:
Mario Bunge
Informaci�n + evaluaci�n = conocimiento
| | la informaci�n | | el conocimiento | | | ------------------------- | ---------------------------- | ------------------- | | | es algo externo | es interiorizado | | | | es informe | es estructurado | | | | es r�pidamente acumulable | s�lo puede crecer lentamente | | | | se puede automatizar | s�lo es humano | | | | es inerte | conduce a la acci�n | | |

La llave de plata
Un personaje del escritor fant�stico H. P. Lovecraft emprende la b�squeda de una ciudad con cuyas c�pulas doradas en el sol de la tarde hab�a so�ado tantas veces. Perdido entre las mara�as de callejuelas puede, por fin —gracias al auxilio de una m�gica llave de plata—, acceder a ella. Cuando lo logra, descubre que no es otra que su propia ciudad natal: manifestada o revelada bajo una nueva luz.
S�: la ciudad on�rica estaba dentro de su ciudad real (podemos extrapolar nosotros ahora) como el conocimiento est� dentro de la informaci�n: agazapado, polvoriento, esperando la llave m�gica.
Y ya es hora de revelar nuestro secreto: la llave m�gica del conocimiento es la lectura. Ser� necesario repetirlo, porque estamos subyugados por la magnitud y las virtudes de los nuevos prodigios tecnol�gicos, y al tiempo deberemos reaprender las potencialidades y las maravillas de algo que consideramos trivial, s�lo porque lo poseemos ya, y porque nos acompa�a desde hace much�simo tiempo.
La lectura es la capacidad de los humanos alfabetizados para extraer la informaci�n textual. (Existe tambi�n la "lectura de las im�genes" de la que habremos de hablar igualmente...) Y es hora de avanzar la tesis central de estas p�ginas: la lectura es la llave del conocimiento en la sociedad de la informaci�n.
La colosal acumulaci�n de datos que ha constituido la sociedad digital no ser� nada sin los hombres que los recorran, integren y asimilen. Y esto no ser� posible sin habilidades avanzadas de lectura.
Es cierto que el acceso a la informaci�n digital exige nuevos saberes. Algunos de ellos antes estaban confinados a profesiones muy especializadas (los documentalistas, los bibliotecarios). Pienso en la capacidad de manejar bases de datos, en la utilizaci�n de palabras clave para las b�squedas, en el uso de operadores booleanos (Y, O), en la indizaci�n de la documentaci�n propia... Todo ello es real: son saberes nuevos, antes reducidos a una pr�ctica profesional, y hoy necesarios hasta para el escolar que prepara un trabajo. Pero adem�s de ellos, y vitalmente necesarios para la conversi�n de las informaciones halladas en conocimientos, est� la habilidad tradicional de lectura.
Que no nos extra�e: el desarrollo humano no avanza en zigzag ni a saltos, sino que normalmente construye sobre lo anterior. La lucha por comprender y utilizar las nuevas tecnolog�as digitales exige muchas cosas nuevas, s�; pero presupone las antiguas. Y la m�s importante de ellas es la lectura.

�Qu� hay en la lectura?
La lectura es una habilidad de un tipo muy desarrollado: de hecho es la suma de varias habilidades psicol�gicas que se adquieren y se ejercitan a edad temprana. Como ocurre con las facultades humanas que usamos desde siempre (la maravilla del lenguaje, de la percepci�n visual), es dif�cil darnos cuenta cabal de su complejidad.
La lectura comprende, en un principio, la capacidad de discernir una letra de otra: �qu� tienen que ver las siguientes formas entre s�?
Steven Killings, Optical Character Recognition
A a a A
Poco: y sin embargo todas son la a. �Qu� entrenamiento visual y gr�fico, qu� finura de apreciaci�n requiere identificar los signos a trav�s de tipograf�as, tama�os y caracter�sticas diferentes!
A continuaci�n, est� la habilidad para leer bloques completos de letras: las palabras. Como los lectores de este texto son avezados en la tarea, no reparan (por fortuna) en la forma en que la est�n realizando. Los lectores avanzados no leemos letra a letra, sino que m�s bien reconocemos las formas t�picas, globales, de cada palabra (lo que los expertos llaman "la forma de Bouma"), y las interpretamos en conjunto:
Este es el pasaje de las Confesiones donde se encuentra la descripci�n: Libro Sexto, cap�tulo III. (Est� en ingl�s; lo siento pero no he localizado ninguna versi�n espa�ola por l�nea).
Y no para ah� la cosa: somos capaces de descifrar no s�lo la palabra en la que fijamos la vista, sino adem�s las que se encuentran a sus costados:
eso hace que podamos leer
en que lo har�amos si ley�ramos letra a letra.
Pues bien: los lectores que no llegan a este estadio de lectura por bloques no han alcanzado el pleno desarrollo de la habilidad. Leer�n despacio y mal...
M�s maravillas: las letras convocan sonidos en nuestra mente, pero los lectores avanzados leemos en silencio. Esto es nuevo en la historia: no ha sido siempre as�. Durante muchos siglos la lectura, incluso la lectura solitaria, fue siempre en voz audible. �C�mo lo sabemos? Un pasaje de las Confesiones de San Agust�n (siglo IV despu�s de JC) nos relata el asombro que sinti� cuando sorprendi� a San Ambrosio leyendo en soledad... �en completo silencio!
�Qu� tiene que ver la forma con la informaci�n?
Las personas con escasas habilidades lectoras murmuran cuando leen. Otras no emiten ning�n sonido, pero practican lo que se conoce como subvocalizaci�n: su glotis se mueve imperceptiblemente. Ni unas ni otras han interiorizado la conversion directa de texto en significado, y por lo tanto son lectores defectuosos y poco h�biles.
Dar forma a la informaci�n
Entrevista con Paul Saenger, autor of Space between Words: the Origins of Silent Reading (Palo Alto, Stanford University Press, 1997)
Y ya es hora de que avancemos un paso m�s, y de camino nos acerquemos a lo que es el aut�ntico objetivo de estas p�ginas. En realidad, nuestra forma de leer actual —r�pida, silenciosa, eficiente— fue surgiendo en paralelo al desarrollo de lo que hoy llamar�amos tecnolog�as editoriales. Los lectores de antiguos manuscritos le�an en voz alta, entre otras cosas porque los textos estaban escritos sin separaci�n de palabras:
intenteustedsihaceelfavorleerestaristradeletrassinpronunciarla
Tantos adelantos para conseguir la comunicaci�n tipogr�fica se ven vulnerados con frecuencia
A medida que avanza la construcci�n del espacio gr�fico y tipogr�fico en los libros, aumenta la finura de la informaci�n suministrada; a medida que los procedimientos de representaci�n textual se refinan, los sistemas de lectura avanzan, mejoran y se automatizan. Es una dial�ctica entre mejoras tecnol�gicas y habilidades psicol�gicas: en su desarrollo mutuo llegan a la evoluci�n y eficiencia que conocemos en el libro y la lectura modernas... Ambas han crecido juntas.
Los desarrollos editoriales y tipogr�ficos fueron preparando el terreno para lograr una extracci�n de informaci�n r�pida y eficiente. Por una parte se crearon tipos de letra claros y legibles. Por otra, se desarrollaron dise�os de p�gina adecuados a las capacidades de lectura (l�neas sin demasiados caracteres, blancos para dar descanso visual). Al tiempo, se crearon los primeros dispositivos de interactividad textual avant la lettre: m�rgenes amplios para acomodar los comentarios manuscritos del lector, p�ginas en blanco para sus adiciones y comentarios....
La producci�n de las obras reforz� estas caracter�sticas facilitadoras de la lectura: papeles de un color claro uniforme (pero no tan blancos como para que la luz reflejada hiriera los ojos); impresiones claras y n�tidas, encuadernaciones que permiten el manejo c�modo de la obra...
Esto, por ejemplo, es una apostilla en cuerpo menor
Los recursos tipogr�ficos ayudaron desde muy pronto a que el lector comprendiera la jerarqu�a de los contenidos. La divisi�n en cap�tulos con sus t�tulos y apartados estructur� las obras. Las notas al pie, las apostillas y el cuerpo menor permitieron diferenciar al texto principal de los elementos laterales, o menos importantes. Las entradas de los cap�tulos, los cuadros sin�pticos y los esquemas resumieron la informaci�n para una consulta r�pida.
Con el hipertexto hay �ndice incluso sin paginaci�n.
Y tambi�n [�ndices anal�ticos](#�ndice anal�tico:).
Mientras tanto, la paginaci�n permiti� crear �ndices de contenido, y su uni�n con la ordenaci�n alfab�tica creo los �ndices anal�ticos. Todas las tecnolog�as de acceso interno a la informaci�n estaban dispuestas, y pervivieron con pocas modificaciones durante cinco siglos.
Los lectores avanzados, aliados con estos dispositivos refinados de apoyo a la lectura, buscaron, encontraron y compartieron informaci�n, y crearon durante mucho tiempo la cultura de nuestra sociedad.
Hasta aqu�
Bien: llegados a este punto, el lector ya deber�a tener claras ciertas cosas, que pasamos a recapitular:
- el manejo de la informaci�n en la sociedad actual exige capacidades desarrolladas de lectura
- la lectura es una suma de habilidades complejas
- la forma editorial de los libros ha contribuido al desarrollo de esas habilidades, y al tiempo las favorece
En la segunda parte iremos m�s all�: c�mo la lectura permite no s�lo la construcci�n del conocimiento, sino tambi�n su comunicaci�n. Y para finalizar exploraremos la consecuencia natural de estas premisas: los colectivos que quieran afianzar su posici�n en la sociedad de la informaci�n deben favorecer la lectura. �De qu� manera?
II. Las ra�ces de la lectura
Escuchar con los ojos
Texto completo del soneto de Quevedo
Con un sentido muy barroco de la existencia, el gran Quevedo explicaba de esta forma su relaci�n con la lectura:
| | vivo en conversaci�n con los difuntos | | ---------------------------------------- | | y escucho con mis ojos a los muertos |
Sobre el aumento en el n�mero de emails
Lo que recalcaba Quevedo era el papel de la cultura escrita como preservadora del conocimiento, como posibilitadora del di�logo con el pasado. A este rasgo —que todav�a hoy se mantiene— se une ahora que la escritura es un factor clave de comunicaci�n con nuestros contempor�neos. Ya hemos mencionado las asombrosas dimensiones de la Web, ese dep�sito de datos e informaciones variadas. Pero es muy probable que las comunicaciones que las personas se intercambian en los "grupos de noticias" (newsgroups) igualen en tama�o a la propia Web. Y los correos electr�nicos est�n adquiriendo un auge extraordinario: cada minuto se env�an en el mundo cinco millones de correos electr�nicos. Ya hay m�s mensajes de correo electr�nico que de voz... Y adem�s, tenemos las nuevas formas de "oralidad por escrito", como los chats, esos intercambios de mensajes escritos en tiempo real.
;-)
Los emoticonos
Sobre el n�mero de SMS.
La taquigraf�a de los mensajes cortos:
| dnd | �d�nde? |
|---|---|
| dsk | disco / discoteca |
De nuevo, parece que la comunicaci�n interpersonal, ya sea privada o semip�blica, descansa sobre las habilidades lectoras. Est� resurgiendo el g�nero epistolar (que desde la llegada del tel�fono experimentaba un claro retroceso), con nuevas formas, con nuevos elementos —acr�nimos, palabras nuevas, emoticonos (esas caritas esquem�ticas que expresan emociones)—, pero m�s pujante que nunca. Y se ha recuperado a varios niveles: el intercambio de notas entre adolescentes que usan los mensajes cortos de su tel�fono m�vil, el email recordatorio o conminatorio (sin encabezamiento, de una sola l�nea); pero tambi�n el mensaje de correo electr�nico largo y demorado, tan extenso como la mejor carta del pasado... Seguiremos hablando por tel�fono, y cada vez hablaremos m�s a trav�s de la red, pero el correo electr�nico (o sus descendientes) permanecer�n, porque presentan muchas ventajas para las personas, para las empresas, para las instituciones: la posibilidad de meditar lo que se dice, el almacenamiento y posterior recuperabilidad de los mensajes propios y ajenos...
S�: al mundo de las relaciones personales ha vuelto la letra, y con ella la lectura.
Desde el principio
�C�mo aprendemos a leer? �De d�nde sacamos esas habilidades complejas que, como hemos visto, se han ido construyendo hist�ricamente?
Hay que recordar en primer lugar el papel de la escuela, de la educaci�n primaria. En ella se ponen las bases para la adquisici�n de la lectura. Ha habido un gran desarrollo de las metodolog�as de iniciaci�n a la lectura y, sobre todo, la escuela actual acumula las experiencias de numeros�simas generaciones que aprendieron a leer en ella.

Del sitio de Joan Irving: c�mo hacer un pop-up book
No se trata s�lo de la adquisici�n de unas t�cnicas. Si ellas no vienen acompa�adas del despertar de una motivaci�n, de poco servir�an. Los ense�antes actuales tienen a su disposici�n lecturas atractivas y adecuadas a muy distintos niveles (porque el mundo de la edici�n ha contribuido a ello cre�ndolas). Tenemos hoy "libros blanditos", de tela, que los infantes prealfab�ticos pueden estrujar y chupar, como en una prefiguraci�n de lo que ser� su futura actividad intelectual. Hay libros bell�simamente ilustrados, sin letras; o con palabras gigantescas, a una por p�gina; con colores, texturas, materias, olores; con solapas que estirar, puertas que explorar, pir�mides que se erigen al abrir una p�gina; libros que describen el mundo real o construyen uno imaginario: la diversidad de obras para quienes empiezan a leer es inmensa, y la escuela puede aprovecharlas. Hay que a�adir que no podr� hacerlo sin recursos, sin bibliotecas en los centros, sin profesionales para su animaci�n...
Adem�s la ense�anza, desde sus primeros niveles, tiene la misi�n de poner al alumno en contacto con las complejas tipolog�as de materiales de lectura contempor�neas: no solo el libro, sino tambi�n la revista, el peri�dico o el cat�logo; no solo el art�culo, sino tambi�n el gr�fico o la publicidad. Los alumnos deben crecer educados en la multiplicidad de los soportes y modalidades de la informaci�n, y eso les va a servir de mucho en un medio (como el digital) extremadamente variado y flexible.
Leer im�genes
Una observaci�n, al hilo de todo esto... Parte de la educaci�n escolar de hoy —con el apoyo de los libros de texto y materiales complementarios— intenta tambi�n dar herramientas para la interpretaci�n de los gr�ficos, esquemas y yuxtaposici�n de im�genes. En origen, esta es la respuesta de la ense�anza a la eclosi�n de lo que se dio en llamar "la sociedad de la imagen", pero encontraremos tambi�n que resulta de especial utilidad para manejarse en un medio mixto como el que supone la Web.
Sobre la interpretaci�n de una fotograf�a: Arcadi Espada, Vista general sobre la playa, parte 1 parte 2 parte 3
Del sitio de Edward Tufte: un esquema hist�rico: la retirada de Rusia de Napole�n
En torno a la creaci�n de una infograf�a period�stica: Alberto Cairo, Sobre la verdad
En concreto, es necesario saber interpretar la contig�idad de im�genes y textos (que a veces crea relaciones m�s insidiosas —por lo ocultas— que los puros encadenamientos textuales). Hace falta comprender los l�mites de los testimonios "reales": el video no es la acci�n; la foto no es la cosa; la parte no es el todo... Hay que entrenar en la interpretacion de los gr�ficos, cuadros, esquemas y ayudas infogr�ficas, tan presentes en la informaci�n contempor�nea, porque pueden transmitir interpretaciones sesgadas, o directamente err�neas de los datos.
En suma: el lenguaje de las im�genes, y de las relaciones de �stas con el texto, exige una formaci�n independiente, que las escuelas —y los textos que en ellas se usan— est�n procurando tambi�n dar.
El fen�meno Harry Potter
S�, parece que la lectura se minusvalora frente a lo audiovisual, �incluso hablando de bibliotecas!
Crecer en la lectura
Pero la ense�anza escolar es s�lo el principio. Las complejas habilidades que, como hemos visto, moviliza la lectura exigen no s�lo que la persona que aprende se encuentre en un determinado nivel de maduraci�n neurol�gica; no s�lo que se inicie en los rudimentos del descifrado de textos, sino que estas disposiciones se activen y ejerciten durante largo tiempo. Un lector avanzado, una persona que puede enfrentarse con un texto en condiciones �ptimas de aprovechamiento y velocidad, s�lo se forja a lo largo de a�os de pr�ctica.
De ah� la importancia (en esta materia, como en otras muchas) de compartir la formaci�n escolar con la del hogar. El ni�o que no crece en un ambiente de lectura en su casa, dif�cilmente podr� alcanzar plenamente las capacidades para tratar con textos. El que no disponga de una variedad suficiente de tipos de obras no aprender� a v�rselas con los distintos niveles de acceso a la informaci�n escrita: la lectura profunda, la b�squeda de un dato espec�fico, la lectura somera rastreando una idea...
S�: la riqueza en libros y en publicaciones, la abundancia en lectura de un medio familiar (o en una biblioteca p�blica: luego abundaremos en ello), es la mejor garant�a de un desarrollo pleno de las capacidades lectoras. La falta de h�bitos y de ocasiones de lectura har� muy dif�cil el pleno desarrollo de esas potencias. Y la persona que no las tenga est� muy mal preparado para la sociedad de la informaci�n: as� de simple.
Pero a su vez, �c�mo conseguir el clima social que dirija hacia esta importante pr�ctica? �No est�n nuestros medios de comunicaci�n exacerbando la orientaci�n hacia los elementos multimedia (imagen y sonido) de la sociedad de la informaci�n, con absoluto olvido de la lectura? Si nuestras tasas de lectores son tan bajas en comparaci�n con los pa�ses a los que deber�amos equipararnos, �no es en parte por la falta de un aut�ntico clima medi�tico en su favor? Que una modernidad mal entendida no nos prive del necesario apoyo en un tema clave...

Practicando el tachiyomi en http://www.zakkaweb.com/books/
y una explicaci�n de la palabra.
Un art�culo apasionado de Andr� Schiffrin sobre las librer�as de Jap�n.
Una sociedad lectora
Quien visita Nueva York o Seattle, tenga o no la oportunidad de encontrarse con los art�fices de las compa��as que est�n cambiando el mundo, puede tener sin embargo una experiencia crucial. Aborde un transporte p�blico; m�ntese en el metro o en un ferrocarril de cercan�as y mire en torno. Una mayor�a de las personas a su alrededor est�n leyendo, y muchas de ellas leen libros: las baratas ediciones paperback (o r�stica) que ha sido la gran aportaci�n de la cultura anglosajona al mundo del libro; los libros a�n con el tejuelo de la biblioteca p�blica, tomados en pr�stamo por una o dos semanas... Otros est�n enfrascados en peri�dicos, revistas...
As� son las cosas. La cultura que dicta los rumbos del mundo contempor�neo desde sus empresas y universidades, la cultura que acumula una proporci�n de premios Nobel por habitante superior a cualquier otra, es una de las culturas m�s lectoras de la Tierra.
No es un caso �nico: los visitantes de Jap�n observan tambi�n sorprendidos la proliferaci�n de lectores p�blicos, hasta tal extremo que hay una figura que ha necesitado la acu�aci�n de una palabra nueva en su lengua: "el-que-lee-de-pie-en-la-librer�a". S�: estos lectores �vidos y de poco dinero, a los que se consiente su actividad silenciosa junto a la mesa con las novedades, son otro exponente de c�mo lectura y avance van juntos...

Porque (llegamos a un nuevo flanco vital), all� donde el sistema educativo no pueda acompa�arnos m�s; all� donde los hogares, por motivos hist�ricos o econ�micos, no puedan proporcionar los medios para crecer en la lectura, una potente red de bibliotecas modernas y bien dotadas es el lugar donde adquirir los medios para seguir. �Hay que recordar c�mo las sociedades m�s lectoras y avanzadas del mundo abundan tambi�n en bibliotecas abiertas a todos? Las peque�as bibliotecas suecas, donde los ni�os aprenden a ir a jugar con libros; las bibliotecas p�blicas americanas, donde cualquier ciudadano busca —y encuentra— el dato que le falta, el libro que necesita para su hobby. Y en todo el mundo avanzado los bibliotecarios han devenido, adem�s, particulares Ariadnas de las telara�as electr�nicas (guiando a su p�blico tambi�n en la Web), en una demostraci�n de c�mo lo antiguo y lo nuevo muchas veces se pueden complementar...
El papel del libro, y el libro de papel
Volvamos un momento sobre la consolidaci�n de los h�bitos lectores. Para aprender a leer hay que leer mucho (como para montar en bicicleta, o para nadar, hay que hacerlo mucho).
Y por fortuna, hay mucho que leer. El mundo editorial espa�ol es especialmente rico, no s�lo en n�mero de nuevos libros al a�o, sino en la calidad de sus contenidos, e incluso en aspectos materiales de composici�n o de fabricaci�n. Un paseo por nuestras librer�as es en s� mismo toda una invitaci�n a la lectura. Sin esta oferta, constantemente presente en las librer�as, y remansada en las bibliotecas p�blicas y de las instituciones, no habr� tantas ocasiones y acicates para lanzarse a la lectura. Y por tanto, no habr� un n�mero considerable de buenos lectores. Y por tanto, nuestros j�venes, nuestros profesionales, nuestros investigadores, no estar�n preparados para convertir la informaci�n en conocimiento.
Sin embargo, v�ase el creciente h�bito delectura en pantalla, en el informe de Link + Partner para el XVIII Encuentro sobre la edici�n (Santander, 2002).
... Y estas reflexiones sobre qu� ocurre cuando la �nica posibilidad es la lectura electr�nica

el e-book italiano Myfriend
Podr�a pensarse que la actual proliferaci�n de equipos inform�ticos con acceso a la red (crecientemente en las escuelas, tambi�n en muchos hogares) puede bastar para suministrar motivos de pr�ctica lectora, y materiales para ejercerla. No es as�: la lectura a trav�s de la red est� por lo general al servicio de la b�squeda de datos, de asimilaci�n de informaciones breves. Nadie lee una novela extensa, un ensayo largo en pantalla (entre otras cosas, porque es much�simo m�s inc�modo). Y la lectura detenida y extensa es la que m�s forma los h�bitos lectores, los automatismos y las capacidades de una extracci�n eficiente de informaci�n. Por no hablar de la articulaci�n interior y de la capacidad del di�logo con los otros, sobre la que pronto tendremos que decir algo. Para educar en la lectura siguen siendo necesarios los libros, porque los libros son las mejores m�quinas de leer.
Cuentan de don Jacinto Benavente, dramaturgo y uno de nuestros premios Nobel, que al presenciar los avances de la cinematograf�a (el sonido, la aparici�n del color, las promesas de cine en tres dimensiones,...) coment�: "Con tanto mejorar el cine, �van a acabar por inventar el teatro!". Ya existen dispositivos dotados con pantallas para leer, aunque a�n son imperfectos. Se anuncian (aunque habr� que esperar a verlos) el "papel electr�nico", y la "tinta electr�nica", que al final ser�n l�minas flexibles, con letra bien legible sobre ellas.
Pues bien: cuando hayan reinventado el papel sera tan bueno leer sobre estos dispositivos electr�nicos como sobre un libro tradicional, pero antes no...
Y es hora de recapitular
�Es realmente as�? �Podemos afirmar sin dudas que la riqueza y diversidad de la oferta editorial, unida a la acci�n de la escuela en iniciaci�n y promoci�n de la lectura, y al hogar y las bibliotecas p�blicas como medio para su consolidaci�n, son nuestras bases m�s s�lidas para preparar a nuestros ciudadanos para la sociedad de la informaci�n?
Radicalmente, s�.
Puede que esta afirmaci�n no suene muy a la moda: parece m�s oportuno demandar equipos inform�ticos en las escuelas y hogares (que por supuesto, est� muy bien que tengan), y tarifas econ�micas y calidad para las conexiones a Internet (que son claramente necesarias). Cualquier persona sensata se unir�a a estas peticiones, que adem�s, se pueden cumplir r�pidamente, mientras que mejorar nuestras escuelas y bibliotecas, mover nuestra sociedad hacia la lectura —no nos enga�emos— llevar� necesariamente a�os...
Pero si no lo hacemos, nuestros ciudadanos acabar�n accediendo a las redes s�lo para comprar y bajarse canciones, para charlar y pescar un dato (lo que est� muy bien), pero carecer�n de la habilidad de navegar con eficiencia y aprovechamiento los oc�anos de informaci�n. No sabr�n utilizar sus contenidos y construir con ellos un conocimiento que adem�s luego puedan comunicar...
"Todo se compenetra. La lectura de los cl�sicos, que no hablan de ocasos, me ha hecho inteligibles muchos ocasos con todos sus colores. Hay una relaci�n entre la competencia sint�ctica, por la cual se distingue el valor de los seres, de los sonidos y de las formas, y la capacidad de comprender cu�ndo el azul del cielo es realmente verde y qu� porci�n de amarillo existe en el verde azul del cielo.
"En el fondo se trata de una misma cosa —la capacidad de distinguir y de sutilizar. Sin sintaxis no existe emoci�n verdadera. La inmortalidad es una funci�n de los gram�ticos".
(Fernando Pessoa, Libro del desasosiego, compuesto por Bernardo Soares, ayudante de tenedor de libros en la ciudad de Lisboa, traducci�n de Perfecto E. Cuadrado, Barcelona, El Acantilado, http://www.acantilado.es/, 2002)
Porque tras la pr�ctica de la lectura hay algo m�s, dif�cilmente mensurable, pero tan b�sico que no he podido sino dejarlo para el final. La lectura (al lado de la influencia de los padres, de los buenos profesores) forma en la construcci�n de una articulaci�n intelectual. Hacia el interior: en la forma en que se organizan nuestros mundos conceptuales y sensibles, en el modo en que integramos en conjuntos coherentes las mir�adas de retazos del universo que nos rodea. Hacia el exterior: en la forma en que aprendemos a jerarquizar, sopesar y modular lo que hemos atesorado dentro, para transmit�rselo a otros.
La pr�ctica de la lectura entrena en la comunicaci�n con el otro, tanto como forma interiormente: leer (ficci�n o ensayo, un libro de cocina o una gu�a) es hacerse moment�neamente otro, es percibir en propia carne los esfuerzos con los que un autor ha tratado de trasmitirnos las desdichas de dos amantes o la elaboraci�n de un plato delicado. Y el autor se ha dirigido, salvando a veces abismos de tiempo y espacio, a la idea que ten�a de sus lectores. En el choque entre el lector so�ado por el autor y nuestras reales expectativas lectoras es donde surge la tensi�n de la apropiaci�n intelectual.
Leer es pactar, m�s que recibir.
Jos� Cervera, 62 millones de autores
Y eso es b�sico hoy en d�a: cada vez m�s. A diferencia de los medios tradicionales, la Internet es un canal que va de muchos hacia muchos: el ciudadano de la red es tanto un receptor, un usuario de informaciones, como un emisor, un creador de mensajes destinados o a una persona (correo electr�nico), a un grupo (listas de distribuci�n), o al p�blico (webs, p�ginas personales). Hoy se rehacen empresas enteras sobre la base de la gesti�n del conocimiento, que no es otra cosa que el reconocimiento de que lo b�sico es la circulaci�n del saber entre sus miembros. Y la pr�ctica de la lectura no es s�lo un entrenamiento para la comprensi�n, para la decodificaci�n, sino la base m�s firme para lacomunicaci�n con otros.
A modo de preludio
Ahora sabemos que quienes, desde el sistema educativo y las editoriales, desde los hogares y bibliotecas luchaban por la lectura, estaban tambi�n trabajando por la sociedad de la informaci�n y del conocimiento: antes de que existiera.
La sociedad en su conjunto tiene que defender la pr�ctica extensa y gozosa de algo en lo que ya no nos jugamos s�lo la pervivencia cultural, sino la entrada en la sociedad del ma�ana.
Esto no es una conclusi�n. Esto es —deber�a ser— el comienzo de algo muy grande. Como el so�ador de Lovecraft, hemos descubierto que la ciudad m�tica y dorada que perseguimos se encuentra ya ante nuestros ojos, la poseemos. Ya tenemos la llave de plata.
Us�mosla.
�ndice anal�tico:
biblioteca p�blica m�s m�s y passim
Bouma, forma de
conocimiento
digitales, nuevos saberes
editoriales [m�s](#El papel del libro, y el libro de papel)
[electr�nico, libro](#lectura en pantalla)
escuela
hogar, lectura en el
[imagen, lectura de la](#Leer im�genes)
informaci�n, extracci�n de m�s
librer�a [m�s](#El papel del libro, y el libro de papel)
ni�os, libros para
[pantalla, lectura en ](#lectura en pantalla)
San Agust�n
separaci�n de palabras
silencio, lectura en
subvocalizaci�n
tachiyomi
tipograf�a
web, tama�o de la
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