Deforestación - Qué es, causas, consecuencias y reforestación (original) (raw)

Te explicamos qué es la deforestación, sus causas, consecuencias y los tipos que hay. Además, las medidas que se pueden tomar para evitarla y su relación con la desertificación.

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La deforestación se debe principalmente a la acción humana.

La deforestación es la destrucción de bosques nativos como consecuencia de la acción humana. Se produce principalmente con el objetivo de obtener insumos para las industrias maderera y papelera, para expandir las áreas urbanas o bien para destinar terrenos a la práctica de la agricultura o la ganadería.

El fenómeno de la deforestación es una de las amenazas más serias que actualmente se ciernen sobre las masas forestales del planeta. Afecta el hábitat de millones de especies y tiene un gran impacto en el deterioro de los suelos y en procesos derivados, como la desertificación y las inundaciones.

Numerosas iniciativas a nivel mundial intentan concientizar a la población respecto de la urgencia de endurecer las leyes de protección de las grandes reservas forestales, así como de invertir recursos en la recuperación de los bosques a escala global.

Puntos clave

Causas de la deforestación

Entre las principales causas de la deforestación se encuentran:

Consecuencias de la deforestación

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La supervivencia de especies como el quetzal depende de la conservación de su hábitat.

Las principales consecuencias de la deforestación a gran escala son:

Deforestación y desertificación

Cuando se eliminan grandes extensiones de bosques, el suelo pierde la cobertura vegetal que lo protege de la erosión del viento y la lluvia. Las raíces de los árboles ya no retienen los nutrientes ni la humedad, por lo que el terreno se vuelve más árido, pobre y degradado.

Con el tiempo, esa pérdida de fertilidad y de capacidad de retener agua conduce a un proceso de desertificación, es decir, a la transformación de grandes superficies en áreas secas e improductivas, similares a un desierto.

¿Cómo evitar la deforestación?

La lucha contra la deforestación no tiene una solución simple. Idealmente, tendría que ser producto del esfuerzo sostenido de los Estados y las organizaciones no gubernamentales (como el Fondo Mundial para la Naturaleza, Community Forestry International, Greenpeace y otras).

En principio, los Estados deberían promover legislaciones más estrictas, que protejan los bosques nativos frente al avance de la deforestación.

También debería ser responsabilidad de las propias industrias talar de manera responsable, esto es, a un ritmo que permita la reforestación y que satisfaga estrictamente las necesidades de la demanda.

Es fundamental, además, evitar la tala de especies nativas y buscar que la deforestación se produzca siempre sobre bosques especialmente plantados con fines comerciales.

Los consumidores también pueden jugar un rol muy importante para evitar la deforestación. En primer lugar, se debe lograr un proceso de concientización y sensibilización mediante campañas educativas, para que los consumidores conozcan el problema y se preocupen por comprar productos ecológicos, provenientes de empresas libres de deforestación para su fabricación.

Otra estrategia es el uso de papel, plástico y productos de madera reciclados, así como la adopción de un consumo responsable. Esto traerá como consecuencia una menor dependencia de los árboles y, por lo tanto, una reducción en la deforestación.

Reforestación

La reforestación de bosques nativos puede funcionar como una estrategia frente a la deforestación. Cuando se realiza de manera planificada, con especies autóctonas y con participación de las comunidades locales, la reforestación ayuda a:

Sin embargo, muchos programas de reforestación fracasan cuando se reemplazan bosques nativos por plantaciones de una sola especie (como pinos o eucaliptos), pues empobrecen el suelo, consumen mucha agua, pueden contribuir a la propagación de incendios forestales y no restituyen los ecosistemas originales.

Deforestación en el Amazonas

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La selva amazónica sufrió una deforestación masiva con los incendios de 2019.

La selva amazónica es una de las mayores extensiones forestales del mundo. En ella habita una de cada diez especies conocidas por la humanidad: es la mayor reserva de biodiversidad del planeta.

Además, se trata de uno de los “pulmones” del mundo, ya que fija enormes cantidades de carbono que, de otro modo, terminarían en la atmósfera.

Sin embargo, las naciones amazónicas (Brasil, Bolivia, Perú, Colombia y Venezuela) explotan este recurso de distintas maneras. Por lo general, es para suministrar terreno a la agricultura, la ganadería y la minería o para obtener insumos para la industria maderera.

La problemática de la deforestación amazónica se agravó especialmente durante agosto de 2019, cuando se produjeron grandes cantidades de focos de incendio en los territorios de Brasil y Bolivia, principalmente.

Según datos del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil (INPE), la deforestación producida por esos incendios alcanzó los 10.000 kilómetros cuadrados de bosque. Esto desató la preocupación e indignación internacional.

Sin embargo, las actividades de explotación en la región llevan décadas siendo denunciadas por activistas ecologistas y por voceros de las comunidades ancestrales que aún viven alejadas de la civilización, en las entrañas de la Amazonía.

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