Concepto de Pecado - Qué es, significado y definición (original) (raw)

Te explicamos qué es el pecado según la tradición judeocristiana, qué es el pecado original y cuáles son los pecados cardinales.

pecado

El cristianismo entiende el pecado como un alejamiento de Dios.

Un pecado es una transgresión voluntaria y consciente de una ley religiosa, es decir, el acto de incumplir con los mandamientos propuestos por el credo o la doctrina de una religión. Generalmente dichas leyes son tenidas por sagradas o divinas, es decir, por el deseo o la instrucción de Dios a los seres humanos, y por lo tanto a cada pecado le corresponde algún tipo de castigo o compensación, ya sea en vida o en el más allá.

La palabra pecado proviene del latín peccatum, término que los antiguos romanos usaban originalmente como sinónimo de tropiezo o equivocación, sin las mismas connotaciones religiosas, dado que la cultura romana clásica giraba en torno a la noción del honor, y no en torno a la culpa.

El concepto de pecado como hoy lo entendemos surgió con el cristianismo, religión que tenía raíces en la tradición judía (en hebreo la palabra para pecado es jattá’th, traducible como “errar”). Al convertirse el cristianismo en la religión dominante en Occidente comenzó a cambiar el sentido de muchas palabras latinas, dándoles un nuevo sentido moral, social y religioso.

De acuerdo a la tradición judeocristiana, el pecado debe entenderse como el alejamiento del ser humano respecto de Dios, o al menos de la senda que Dios ha trazado para éste. Sin embargo, en la visión de la humanidad que plantea el Nuevo Testamento todos somos pecadores en alguna medida, y justamente es el rol de la religión el de brindarnos consuelo y resarcimiento, es decir, devolvernos al buen camino a través de la penitencia y la oración.

En su momento de mayor influencia cultural en Occidente y el mundo, el cristianismo no sólo defendió esta visión del mundo, sino que desarrolló toda una clasificación de los pecados, diferenciándolos de acuerdo a su severidad, su naturaleza, su motivo o su modo: había pecados mortales, pecados de acción y pecados de pensamiento, etc.

Así se compuso un código moral y cultural que fue de gran importancia en la historia de Europa y América, que representó la aparición de la culpa y la expiación como valores religiosos supremos en Occidente.

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El pecado original

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Adán y Eva fueron expulsados del paraíso por desobedecer a Dios.

Una de las formas de pecado más importantes en el imaginario cristiano es el llamado “pecado original” o “pecado ancestral”, del cual ningún ser humano está exento. Según esta doctrina, los seres humanos arrastramos la culpa de nuestra caída en desgracia y expulsión del paraíso, ocurrida en el inicio de los tiempos, y como consecuencia de que los primeros seres humanos (Adán y Eva) desobedecieran la voluntad expresa de Dios.

Según el relato bíblico dicha desobediencia consistió en comer el fruto del árbol del conocimiento, que estaba vedado por Dios, ofreciéndoles a cambio el resto del jardín del Edén. Tentada por la serpiente, que era un espíritu malévolo, Eva comió del fruto prohibido y se lo dio de comer también a Adán, y en consecuencia ambos fueron expulsados del paraíso, perdiendo su inmortalidad y siendo castigados con el trabajo y con el parto doloroso.

La idea de este pecado primigenio surgió alrededor del siglo II, y se le atribuye al obispo de Lyon, San Ireneo (c. 130-c. 202). Ha sido objeto de estudio, interpretación y debate por parte de distintos expertos y autoridades religiosas del cristianismo a lo largo de los siglos, y es lo que da sentido al bautismo cristiano, rito con el que se libera a los infantes o nuevos cristianos del peso del pecado original, iniciándolos en el camino de la redención.

Los pecados capitales

En la jerarquía cristiana de los pecados del ser humano, los pecados capitales, pecados cardinales o pecados mortales son los más graves, pues se los considera como los pecados que engendran otros pecados.

Esta categoría de pecados ha sido definida y redefinida en la historia del cristianismo, variando el número y nombre de los pecados: para Juan Casiano en el siglo V eran ocho, mientras que para el papa Gregorio I en el siglo VI eran sólo siete. Esta última visión es la que se sostuvo hasta nuestros días.

Los pecados cardinales son los siguientes:

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Referencias