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La vida a través de los tiempos

Un lugar. Una ubicación concreta. Que ha visto pasar a los dinosaurios, caer meteoritos, surgir un bosque, cazar a los nativos, colonizar a los ingleses, independizarse a los estadounidenses. Estamos en Pittsburgh, y en frente de una casa colonial de William Franklin, construida cuando apenas era un asentamiento, surge una casa más modesta, que verá pasar a distintos ocupantes, algunos la desocuparán y venderán, y convivirán distintas generaciones de una misma familia, que han conocido diferentes guerras, así hasta llegar a nuestros días, pandemia del covid incluida. Lo que incluye especialmente a Richard y Margaret, que concebirán ahí a su única hija, y verá cómo el tiempo vuela.

Adaptación de una novela gráfica de Richard McGuire, a cargo del tándem Eric Roth-Robert Zemeckis (ambos colaboraron en Forrest Gump hace 30 años, que tenía a los mismos protagonistas, Tom Hanks y Robin Wright), el primero también como director, quien vuelve a demostrar que a él le gusta poner los efectos visuales al servicio de una historia, no usarlos por usarlos. El punto de partida es audaz, porque nunca se cambia el tiro de cámara y el encuadre a lo largo del metraje, estén o no construidos la casa y el salón donde transcurre la mayor parte de la narración, vemos la puerta de acceso a la izquierda, el ventanal que permite ver la casa de los Franklin al fondo, y la chimenea a la derecha, cambiarán por supuesto los muebles y las personas a lo largo de la historia. Si cambiaremos de época y situación, abriendo una pequeña “ventana” en el cuadro general, para ir hacia adelante y atrás en el tiempo, y acompañar a los personajes en sus desafíos cotidianos: noviazgos, casamientos, embarazos, enfermedad, invalidez, muerte, velatorios; dificultades económicas, reuniones familiares de Acción de Gracias y Navidad. Lo que permite consideraciones existencialistas, la vida pasa, el tiempo del que disponemos es limitado, y lo que queda, por encima de todo, es el amor, frente a lamentos por lo que no se hizo, habilidades que no se desarrollaron, pequeñas y grandes frustraciones.

En la grandeza de la película, no convertir en gran tragedia los problemas cotidianos, se encuentra también su limitación. El planteamiento no permite grandes desarrollos, no nos alejamos de determinado ubi. Personajes indígenas o de la época colonial, o afroamericanos, no tienen gran entidad, el forofo de la aviación con la esposa temerosas y la niña virtuosa del violín, o la pareja en que él es un inventor pintoresco, apenas tienen entidad, más allá de ser piedras miliares del transcurso del tiempo. Los que tienen peso son Richard y Margaret, y los padres de él, uno veterano de guerra luego viajante y aficionado al alcohol, la otra ama de casa que sufrirá un ictus, aunque uno no deja de preguntarse si Margaret no tiene padres, si no ha tenido con Richard nietos, qué fue de los hermanos de él, todo esto queda fuera de la ecuación..

Zemeckis, como hiciera en Forrest Gump, pero con un lienzo más amplio en lo temporal y más estrecho en lo espacial, vuelve a abordar el paso del tiempo, la pequeña historia en la gran historia, como también hiciera, de modo lúdico, en la trilogía de Regreso al futuro. Y usa muy bien, con discreción, los efectos visuales –el pajarito sería el equivalente a la pluma de _Forrest_–, ya sea para rejuvenecer a Hanks y Wright, ya sea para hacer coincidir a la perfección los planos con el mismo encuadre que constituyen en el film, abriéndolos y cerrándolos.