La calle sin sol - Película - 1948 - Crítica | Reparto | Estreno | Duración | Sinopsis | Premios - decine21.com (original) (raw)

Con ilusión y mirada de niño me dispuse a ver LA CALLE SIN SOL, dirigida por Rafael Gil

Conocí su existencia por el libro LOS TESOROS DE LA CRIPTA de JUAN MANUEL DE PRADA. El autor rescata del olvido películas antiguas que, por alguna razón, no se habla de ellas. En este caso, porque su director, Rafael Gil, ha sido injustamente cancelado por haber realizado tantas películas a partir de la década de los cuarenta.

Esperaba ver una buena película con personajes amables, humanos, buenos. Y es lo que vi, pues el tema es la fe, a pesar de ños indicios en contrario, de Pilar (Amparo Rivelles) en la bondad e inocencia de Mauricio (Antonio Vilar), un emigrante francés del que nadie sabe nada pero al que muchos atribuyen, precisamente por desconocerle, la autoría del asesinato de una anciana rica.

Pilar, quien sostiene toda la película, trabaja en un bar-posada situado en una calle en la que sólo da el sol unos minutos al día. El bar es um punto de encuentro de unos personajes que componen el universo de secundarios amables, humanos y buenos a que antes me refería. Y que, dentro de su pobreza, llevan una vida buena y digna.

La comisión de un crimen cometido por una razón de amor rompe este cordial ambiente, extiende la sombra de la sospecha sobre otros y acaba por destruir el amor que se quería favorecer. Para el progreso económico los atajos son letales.

Aparte del ángel de mujer que interpreta Amparo Rivelles, uno no sabe con qué secundario quedarse. Manolo (Manolo Durán) es el prototipo de vendedor charlatán, listo y despierto. Imposible mayor identificación con un personaje.

José (Ángel de Andrés) es el paradigma de pretendiente hombre bueno al que las mujeres, Pilar en este caso, ni miran. Un pagafantas.

Flora (Julia Caba Alba) es empleada del bar-hotel. Hace los trabajos más básicos de limpieza. No ha estudiado pero a conocer la naturaleza humana no le gana nadie. Cada intervención suya es un tiempo de reír.

Por la ambientación y el vestuario estamos ante otro precioso documento de época. De un país que trataba de despegar y que albergaba a afectados de la Segunda Guerra Mundial.

Como se intuye mi valoración es alta, 8/10.