Luz de Soledad - Película - 2016 - Crítica | Reparto | Estreno | Duración | Sinopsis | Premios - decine21.com (original) (raw)
Al servicio de los enfermos
Una monja acude a una casa por la noche para velar junto a un enfermo, cuyo mal humor y peores maneras han espantado ya a varias enfermeras. Con una sonrisa recibirá Sor Inés los vituperios del hombre postrado en la cama, cuya hija Olga intenta calmarlo. Esa primera noche, a petición de Olga la religiosa iniciará en voz alta la lectura de la vida de su madre fundadora, Santa Soledad Torres Acosta. Y noche tras noche llegará a la habitación del enfermo y reemprenderá la lectura.
Tercer proyecto de envergadura del director Pablo Moreno, tras Un Dios prohibido y Poveda, que recibieron una estimada acogida entre el público. Vuelve el director a narrar una historia real de temática religiosa, un biopic de la madrileña Santa Soledad Torres Acosta, madre fundadora de las Siervas de María. A pesar de que se nota su modesto presupuesto, Moreno esquiva, aun con mayor habilidad que en sus anteriores filmes, las dificultades derivadas: la ambientación, los figurantes, los exteriores, etc., de modo que logra una narración consistente, sobria pero correcta, que no sugiere improvisación o ligereza. Esto, junto con el cuidadoso manejo de la cámara y una trabajada planificación aportan al conjunto un acabado lustroso y meritorio. Estamos, seguramente, ante la mejor película del director.
El guión de Luz de Soledad, coescrito por Pablo Moreno y Pedro Delgado, explora los comienzos de la vocación de Santa Soledad, junto con las dificultades e incomprensiones –familiares e institucionales– inherentes a su ingreso en la congregación. También son años convulsos, y en algunas acertadas pinceladas se traslada a la pantalla el ambiente hostil y anticlerical que reinaba entonces en España. Pero como ya ocurrió con Poveda, aquí los guionistas se deciden por una narración en dos tiempos –en la época actual y en el pasado–, sólo que en esta ocasión los dos mundos casan a la perfección y tienen gancho por sí mismos. Así, ese inicio en la noche madrileña del siglo XXI ofrece una visión muy cercana y material de la labor que ofrecen hoy en día las Siervas de María, al tiempo que genera el marco idóneo para introducir escenas del pasado. Más discutible es esa fijación en mostrar innecesariamente el lado menos espiritual del clero, sacerdotes aprovechados, bebiendo alcohol, criticando y riendo junto con próceres de la sociedad en una especia de tertulias de folletín. Pero sí funcionan como motor de la acción los desencuentros personales, incomprensiones y calumnias, tan habituales en la vida de los santos, algo que también sucedió en la vida de la protagonista (la relación con su padre, la ligereza del fundador Padre Miguel, los abusos del segundo director de la congregación, las envidias de Sor Magdalena, etc.). De cualquier forma lo mejor es la imagen que se ofrece de la santa, la de una mujer de fe, nada melindrosa ni altanera, sino sencilla y audaz, de una fortaleza impresionante para servir a los demás.
Por su propia naturaleza Luz de Soledad es una película que aporta genuina emoción y a veces es difícil reprimir las lágrimas. Aunque puedan resultar algo relamidos, hay momentos muy bien resueltos, que ayudan al espectador a sentir la realidad del amor a los demás, de la misericordia, de la conversión, de la presencia de Dios en el enfermo, bien acompañados por una banda sonora eficaz a cargo de Óscar Martín Leanizbarrutía. Pero imposible hubiera sido tal cosa sin el trabajo de un reparto a la altura. El casting esta vez ha dado en el blanco: Laura Contreras como Santa Soledad está estupenda, transmite mucho con su mirada, con sus leves gestos, con su leve sonrisa; pero todos los secundarios brillan de veras: Elena Furiase (Sor Magdalena), Antonio Castro (el padre), Lolita Flores (la madre). Y especialmente destaca Susana Sucena en el papel de la monja que visita al enfermo en la actualidad; su alegría y su bondad ofrecen un atractivo vital sin paliativos.
Santa Soledad Torres Acosta
Nació en Madrid en 1826 con el nombre de Bibiana Antonia Manuela Torres Acosta. Segura de que Dios la llamaba a una vocación religiosa, a los veinticinco años oyó hablar de una congregación que el sacerdote Miguel Martínez quería emprender en el madrileño barrio de Chamberí. Se trataba de formar un grupo de mujeres que visitaran por las noches a los enfermos más necesitados. En 1851 tomó los hábitos en la nueva Congregación de las Siervas de María, Ministras de los enfermos, y adoptó el nombre de María Soledad.
Durante los primeros años apenas tenían nada que comer y las incomprensiones arreciaron. En 1856 casi todo el mundo había abandonado la congregación (algunas monjas habían muerto) y María Soledad quedó como única madre fundadora, con un total de doce religiosas repartidas entre Madrid, Getafe y Ciudad Rodrigo. El cardenal de Toledo estaba a punto de suprimir la congregación, pero la llegada en 1857 del padre capuchino Gabino Sánchez cambió las cosas. Junto con María Soledad redactó los estatutos y evitaron la supresión. Muerta en 1886, Santa Soledad fue canonizada por Pablo VI en 1970. Hoy en día la congregación cuenta con numerosos conventos en España y América.