Raíces profundas - Película - 1953 - Crítica | Reparto | Estreno | Duración | Sinopsis | Premios - decine21.com (original) (raw)

Raíces profundas foto crítica.

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Obra maestra del western, donde el ganador del Pulitzer A.B. Guthrie Jr. adapta con maestría una novela de Jack Schaefer, la película firmada George Stevens, que forma parte de su trilogía americana junto a Un lugar en el sol (1951) y Gigante (1956), fue la escogida por el mismísimo Woody Allen para comentarla en la sección "Watching Movies" del diario New York Times.

Sigue al pistolero Shane (Alan Ladd), que en su camino desciende de las montañas de Wyoming para atravesar de paso las tierras del granjero Joe Starrett (Van Heflin), que vive ahí con su esposa Marian (Jean Arthur) y su pequeño hijo Joey (Brandon De Wilde). Deslumbrado por la vida hogareña y tranquila de esta familia, que le invita a cenar, acepta trabajar ahí, pero su destino le persigue cuando le toque liderar la confrontación con el poderoso ganadero Ryker (Emile Meyer), que quiere expulsar a los agricultores de sus tierras, incluso recurriendo, más allá de las presiones verbales y de matones, a la violencia del siniestro pistolero Wilson (Jack Palance).

La película es una joya en muchísimos aspectos, también en su oscarizada fotografía de Loyal Griggs, o en la partitura musical de Victor Young. Más allá de mostrar el típico enfrentamiento entre ganaderos y granjeros, que ponen alambradas en la pradera, destaca la admiración infantil de Joey, que encuentra en Shane un nuevo referente masculino más allá de su honrado y cabal padre. Pues el film ofrece la mirada del chaval, que con los ojos abiertos como platos contempla lo que ocurre a su alrededor.

Además, con sutileza, se sugiere la atracción mutua de Shane y Marian, en que los altos principios de uno y otra se imponen, pero en que se masca cierta tensión, también porque Joe no está ciego. Las escenas de celebración del día de la independencia, con el baile, o la del entierro del que luchó en el bando sudista, son muy emotivas, así como las dos escenas de mayor violencia, la del tipo que responde a la provocación de Wilson, con un tempo increíble, y el duelo final en el pueblo, en que Shane representa a la persona a la que le toca ensuciarse las manos para hacer justicia, en un lugar donde la ley todavía no impera. El icónico final es sencillamente memorable.