Creacionismo: origen, tipos, bases, ramas y características (original) (raw)

Te explicamos qué es el creacionismo, cómo se originó y las bases de sus ideas. Además, cuáles son sus características y ramas pseudocientíficas.

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El creacionismo sostiene que Dios creó el Universo, la Tierra y la vida.

¿Qué es el creacionismo?

Se conoce como creacionismo (también como teoría creacionista o teoría fijista) a una forma de pensamiento religioso que atribuye la creación del Universo y de la vida a una entidad superior de tipo divino, es decir, a Dios. Sostiene que esta entidad lo habría creó todo (de allí el nombre de la doctrina), lo planificó todo y estaría además envuelta en el mantenimiento de todo.

Quienes optan por el creacionismo rechazan otras explicaciones respecto al origen de la vida y del universo, incluso las que cuentan con mayor sustento científico, como el “big bang” o la evolución por selección natural, entre otros hallazgos científicos comprobables. Las diversas variantes de doctrinas creacionistas, en su mayoría están guiadas por un texto sagrado como la Biblia.

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Tipos de creacionismo

Creacionismo

El creacionismo clásico interpreta literalmente las sagradas escrituras.

No existe una clasificación oficial de las formas de pensamiento creacionista, pero a grandes rasgos podemos hablar de:

Origen del creacionismo

La historia del creacionismo está vinculada a la de las grandes religiones humanas. Ellas le dieron al hombre de la antigüedad una explicación de índole mística, mágica o divina respecto a las preguntas que no podía contestar, como eran justamente las referentes al origen de la vida, del ser humano o del universo.

Sin embargo, nunca se habló de “creacionismo” hasta surgieron otras explicaciones, de índole científica, en el siglo XIX. Esto se debió principalmente al éxito de los estudios de Charles Darwin, quien demostró el impacto de la selección natural en la generación de las especies.

Las teorías de este científico eran repudiadas por los sectores conservadores y religiosos, que veían en ellas la posibilidad de que sus creencias fueran contravenidas o demostradas falaces, y por esa razón fueron llamados teístas o, más adelante, creacionistas. El primer uso de dicho término ocurrió en 1929 y se le atribuye a Harold W. Clark, un biólogo adventista del Séptimo Día.

Bases del creacionismo

Evolucionismo - creacionismo

Las vertientes ortodoxas del creacionismo niegan todo tipo de evolución biológica.

Los preceptos comunes del creacionismo tienden a ser:

Ramas pseudocientíficas

Creacionismo - Diluvio - Arca

La geología diluviana interpreta los hallazgos terrestres según el diluvio de Noé.

Habiendo aplicado la doctrina creacionista a ciertos recursos científicos o pseudocientíficos, surgen diversas ramas del creacionismo como son:

Relación con el evolucionismo

La relación entre el creacionismo y la evolución, así como otras explicaciones ya descartadas como la generación espontánea, fue inicialmente conflictiva. Parecía imposible conciliar las teorías respecto de la selección natural y el surgimiento accidental de la vida, con la doctrina teológica que le asignaba a la vida una misión e importancia en el orden divino de las cosas.

En los tiempos modernos, en cambio, sus visiones se fueron haciendo menos conflictivas, a medida que los creyentes admitieron lo irrefutable de la evidencia y prefirieron pensar que detrás de dichos procesos se halla la mano divina, lo cual más o menos reconciliaba el asunto. Actualmente sólo sectores religiosos fanáticos desconfían de las ciencias de la evolución.

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Postura de la Iglesia Católica

Creacionismo

A diferencia de la Edad Media, la Iglesia ya no se opone a las ciencias.

El Catolicismo, a diferencia de las iglesias protestantes, interpreta lo narrado en el Génesis bíblico de una manera no literal. Por eso, no tiene en principio demasiados problemas con el evolucionismo ni con las ciencias, terreno en el que ya no se involucra como solía hacerlo durante el Medioevo.

En ese sentido, siempre que sus fieles se atengan a los preceptos filosóficos y morales, la Iglesia no tiene una postura antagónica con la Teoría de la evolución.

El diseño inteligente

Se conoce con este nombre a un argumento pseudocientífico que diversas doctrinas creacionistas utilizan como evidencia de la existencia de Dios. Su lógica es que las evidencias científicas respecto al origen y funcionamiento de la vida son más fácilmente explicables si detrás de ellas hay un creador inteligente, en lugar de una fuerza ciega como la selección natural.

En otras palabras, ciertos procesos biológicos son demasiado complejos y demasiado precisos para carecer de un creador dotado de un diseño. Desde luego, este tipo de razonamientos no se sostiene en base a ninguna evidencia empírica. Es sólo una forma de interpretar la existencia, aunque sus partidarios intenten presentarla como una conclusión científica irrefutable.

La evolución teísta

Creacionismo - Ciencia

La ciencia moderna sería el modo de apreciar la creación de Dios.

Se llama así a una forma de conciliar la evolución con la creencia de que la voluntad divina se encuentra detrás de todas las cosas. Acepta lo descrito por la síntesis evolutiva moderna, comprendiéndola como justamente una evidencia de los designios de la creación.

Según esta perspectiva, la ciencia moderna y sus hallazgos representan el modo en que el hombre, en uso de las facultades con que Dios lo creó, puede comprender la magnitud de Su obra.

Creacionismo en las escuelas

En 2005 en los Estados Unidos algunas minorías protestantes intentaron reincorporar el creacionismo a la enseñanza obligatoria en las aulas de clase. Esta práctica no existe en ningún otro país del mundo, excepto en aquellos que se rigen por la Ley Islámica del Corán, en el cual se explicita el modo en que Dios creó el Universo.

El creacionismo literario

No debe confundirse a las doctrinas creacionistas con el movimiento literario y poético encabezado por el poeta chileno Vicente Huidobro, llamado justamente del mismo modo. Este movimiento pertenece a las vanguardias literarias y tuvo lugar durante el primer tercio del siglo XX.

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Referencias