Los destellos - Película - 2024 - Crítica | Reparto | Estreno | Duración | Sinopsis | Premios - decine21.com (original) (raw)

Los destellos foto crítica.

La muerte es parte de la vida

Un pueblo innombrado de la provincia de Valencia. Madalén, que estudia ingeniería agrónoma en la capital, viene los fines de semana a ver a sus padres, divorciados. Le esperan en la estación del autobús su madre, Isa, que está restaurando una casa rural para alquilarla, y Nacho, su pareja, profesor de música en el instituto. Madalén quiere ver sobre todo a su padre, Ramón, gravemente enfermo y que no se cuida. Y como ella sólo puede venir los fines de semana, pide a Isa que se pase por casa a verle, cosa que no le hace ninguna gracia, están distanciados y se adivina una larga lista de agravios. Pero tratará de cumplir con esa misión, y cuidar también del perro, aunque Ramón no es de los que se deja ayudar.

Adaptación de un relato de Eider Rodríguez a cargo de Pilar Palomero, directora y guionista, que demuestra una enorme sensibilidad. La cineasta ganadora del Goya por Las niñas, entrega su mejor film de una madurez y lirismo asombrosos. Sabe atrapar las vicisitudes de la vida cotidiana con enorme sobriedad, de un modo contenido, sin caer nunca en la fácil sensiblería ni en los aspavientos y reproches. Y maneja muy bien la elipsis, nunca explicita las razones que provocaron la ruptura de los padres de Madalen, simplemente detectas que aquello dejó heridas que no han cicatrizado, y aunque no haya odio ni reproches, tampoco ha actuado el perdón como bálsamo de esa relación rota.

Hay delicadeza en el retrato de la joven Madalén, a la que da vida con enorme naturalidad la recién llegada Marina Guerola, estamos ante una chica dispuesta a sacrificar sus fines de semana y sus estudios, para cuidar a su padre, y no duda en pedir ayuda a su madre para esta tarea, aunque sepa que le costará arrimar el hombro. Lo hace muy bien Patricia López Arnaiz como Isa, la mujer que ha rehecho su vida, pero que no puede mirar hacia otro lado cuando se encuentra desasistido el hombre al que una vez amó, al padre de su hija. Y están también estupendos Antonio de la Torre como el padre enfermo, escritor frustrado y pluriempleado para ganarse la vida, que acepta el destino próximo de la muerte, un personaje muy distinto a los que tiene acostumbrados; y Julián López, que se aparta del registro cómico por el que más conocido, y compone bien un novio que puede llegar a sentir celos de los “destellos” del título, la aparición repentina de los momentos felices que compartieron Ramón e Isa, formando una familia.

Palomero no da puntada sin hilo. Están bien traídas las consideraciones sobre la muerte, que forma parte de la vida, con motivo de la unidad de paliativos domiciliaria que visita a Ramón, que en su charla contrastan las campanas que antaño tocaban a muerto, un oportuno recordatorio, con el modo en que se quiere ignorar hoy este seguro final que nos aguarda a todos. Y hay pasajes muy bellos, como el de ese sacar a pasear al enfermo, poesía pura, y que invita a pensar qué se hizo mal en el pasado y a compartir esos nuevos e inesperados momentos de felicidad. Se apunta bien la idea de que con demasiado frecuencia echamos a perder algo valioso que teníamos, a veces de modo casi irremediable, y que incluso cuando nos recomponemos, si somos sinceros podemos apreciar, sí, que no supimos preservar algo por lo que merecía la pena luchar.